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Autoexigencia: el mandato de ser tu mejor versión

Actualizado: hace 2 días

Vivimos en una cultura que valora la productividad, la rapidez y cierta idea de bienestar constante. En ese contexto, estar bien deja de ser un deseo para convertirse, muchas veces, en una expectativa difícil de sostener.


Frases como “sé tu mejor versión” o “si querés, podés” circulan como mensajes motivadores, pero no siempre tienen ese efecto. En algunos casos, funcionan más como un mandato silencioso: hay que poder, hay que estar bien, hay que sostener. Y cuando eso no sucede, aparece una sensación difusa de estar fallando, incluso sin saber exactamente por qué.


Un malestar que no siempre se ve


Esta exigencia no siempre aparece en forma de crisis. Muchas veces se instala de manera más sutil, en lo cotidiano, en el intentar ser productivo la mayor parte del día. Cuesta disfrutar, el cansancio se vuelve más persistente, la mente no termina de descansar. Surgen pensamientos como “no sé qué me pasa” o “debería sentirme mejor con lo que tengo”, que lejos de aclarar, generan más confusión.


Se trata de un malestar difícil de ubicar, que muchas veces se intenta corregir rápido en lugar de escuchar. Con el tiempo, la exigencia deja de venir solo de afuera y se vuelve interna: una voz que compara, empuja y no termina de dar lugar al descanso. Incluso en lo emocional aparece una lógica de rendimiento, como si sentirse bien fuera algo que hay que lograr y mantener.


Las redes sociales suelen intensificar esta experiencia. La comparación con vidas que parecen mas divertidas, ordenadas o resueltas puede generar la sensación de no estar a la altura, aunque esas imágenes no muestren lo más complejo: la duda, el cansancio, lo que no encaja.


Escuchar lo que pasa


En este contexto, el malestar suele vivirse como algo que hay que eliminar. Sin embargo, no siempre es un error a corregir. A veces aparece como una señal: en el cuerpo, en el cansancio, en la dificultad para sostener lo cotidiano.


Escucharlo implica frenar, reconocer límites y salir, aunque sea un poco, de esa exigencia constante. No siempre es cómodo, pero muchas veces es ahí donde algo empieza a ordenarse de otra manera.


La terapia puede ser un espacio para eso. Un lugar donde no es necesario sostener la exigencia de estar bien, sino donde lo que aparece pueda ser escuchado y trabajado. Nombrar lo que pasa permite diferenciar, comprender y construir una relación más propia con lo que nos pasa.


Estar bien no es sostener una forma constante, sino poder moverse entre distintos momentos.








 
 
 

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